Pages

viernes, 17 de mayo de 2013

El café "Pensamiento". 2030.



-Y la frase de esta noche… ¿es?
-La educación te hará libre- dije convencida.
-Correcto, pase.
Se abrió la entrada del café “Pensamiento”. La puerta  estaba escondida detrás de un letrero que ponía “Frutería 2030”. El local presentaba estantes con frutas líquidas y en cápsulas, una buena tapadera que disimulaba la realidad escondida en los metros cuadrados más profundos, el café “Pensamiento”. Uno de los pocos bares clandestinos de la ciudad que todavía no había sido destruido por los “noopinione”.
Hacía dos semanas que no visitaba el local. Había estado días atrás en otras ciudades y puntos de encuentro como el Bar “Palabra”, la tasca “Dime” y el pub “Libertad”. Todos esos lugares tenían algo en común con el café “Pensamiento”. Todos, cada uno de ellos, eran los lugares en los que se luchaba por mantener la educación, la palabra y la opinión libre.
Seis años atrás los “noopinione”, grupo mundial en contra del ciudadano con capacidad crítica, destruyeron las escuelas, los ordenadores, los libros, la comunicación, la vida. La red desapareció como desaparece la nieve cuando la temperatura sube unos pocos grados, un cambio aparentemente lento pero fulminante. Los “noopinione” controlaban el diálogo callejero. A partir de ese momento, no se pudo hablar de injusticias sociales, económicas. Los desacuerdos no existían, la innovación era un chiste de mal gusto, la creatividad era pecado mortal en el mundo de los “noopinione”. A las personas que se atrevían a buscar información de literatos pasados, de científicos olvidados, de filósofos de otra época… a todos ellos, se les cortaba la lengua. Sin duda. Sin piedad. Sin vuelta atrás.
-Dame más argumentos- decía un hombre a otro en el café “Pensamiento” mientras ambos disfrutaban de una cerveza vaporizada. Desconocía el tema de conversación. El segundo hombre reía, disfrutaba de la solicitud de razonamiento.
En una esquina del café, un hombre leía a unos jóvenes poesía abandonada. En la otra, un debate sobre el amor. En el medio, una anciana enseñaba a perder el miedo a hablar en público. Al lado de la anciana, una mujer con gafas compartía con otros asistentes diferentes periódicos de antaño. Un cartel anunciaba que dos días después tendría lugar, allí mismo, un curso sobre cine y un taller de reflexión.
Me acerqué a la barra. Encima de un reloj, un cuadro que ponía: DÉJAME QUE TE CUENTE QUIEN SOY Y NO ME MATES POR ELLO.
-¿Va a tomar algo?- me preguntó el camarero.
-Un zumo de fresa.
-No puede ser, lo siento. Los “noopinione” han frenado toda la venta de zumo de fresa. Al parecer, relacionan su color con la valentía. No quieren que pensemos que podemos cambiar esta situación. Ya sabes, colores oscuros y poca luz.
En ese momento me acordé de los años en los que la oscuridad no existía, me acordé de los años en los que la palabra daba vida y las opiniones variadas eran abrazos de sabiduría.

4 comentarios:

Isa Martinez dijo...

Tú y yo compartimos en este relato una visión negativa del futuro, pero creo que es más una cuestión de presente. Quizá las dos iniciamos nuestro relato tras deshojar algún periódico o después de poner en off cualquier telediario privado (en los públicos todo marcha bien, que suerte tienen). Sin embargo, yo soy optimista, quiero serlo y en 2030 nosotros seremos los docentes y lucharemos por una educación que responda a las necesidades de ese periodo.
Pero escribir es crear realidades, inventarlas y darles forma... aunque a veces la ficción y la realidad vayan de la mano.

Arantxa Ferrández dijo...

Da miedo pensar hasta qué punto pueden empeorar las cosas... A pesar del pesimismo imperante, en tu relato hay algunos puntos de luz y esperanza, afortunadamente. Enhorabuena Sandra.

letizia nati poltri dijo...

Comparto vuestras valoraciones, chicas. El relato es sí pesimisita, sí exagerado, pero parte de una concepción de la situación en la que vivimos muy ceñida a la realidad. ¿Pero qué triste posría ser un mundo en el que se prohibiera la creatividad? Enhorabuena, Sandra!

Marta Pérez Cerdá dijo...

Estupendo relato del fututro. Como bien apunta Isa, la visión es negativa pero con ciertos ecos optimistas. La esperanza es lo último que se pierde y esto se refleja en el relato. Es cierto que en el futuro seremos los próximos docentes y de nuestra labor dependerá que toda esta ola de pesimismo disminuya.
Es bueno que transmitas pesimismo porque nos hace concenciarnos más del cambio que debe sufrir la sociedad y como docentes esto nos impulsa a llevar a cabo ese cambio.
¡Felicidades!Magnífica aportación.

Publicar un comentario

Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.